jueves, 19 de junio de 2014

LOS IMPRODUCTIVOS (novela de CF)


LOS IMPRODUCTIVOS

Novela de Ciencia Ficción.  

CRISTIÁN LONDOÑO PROAÑO




CAPITULO I


El Operador 220 llegó a las seis de la mañana a su Edificio Bursátil en el norte de la ciudad.  Atravesó la puerta principal, se dirigió al hall principal y se colocó al final de la doble fila que hacían los otros operadores para ingresar al ascensor. No conversó con sus vecinos. Apenas les miró con cierto desprecio.
Hoy empieza mi camino a la cúspide, se dijo, exhibiendo una sonrisa sarcástica.
Entró en el ascensor y se puso en una esquina. En la diminuta pantalla aparecieron los números de los pisos en secuencia.
Lograré el precio justo a mi esfuerzo, pensó, mientras advertía que el visor indicaba «125».
Cuando la puerta del ascensor se abrió, penetró en su piso y divisó el holograma de la «Operadora del mes». Un escozor gélido circuló en su cuerpo.
Hace un mes me ganó, se dijo, y  no pude evitarlo. Pero, este mes  tengo la victoria asegurada. Soy el ganador.
Durante unos minutos contempló aquel rostro de tez blanca, ojos cafés y mentón fino. Recordó que la Operadora 305 le había frustrado su designación de Gerente de Piso. Había logrado posicionarse por once ocasiones como «Operador del Mes» durante once meses y en el último había perdido, gracias a una adecuada estrategia que empleó la Operadora 305.
Al doceavo mes, la Operadora 305 había negociado un bloque de acciones de una compañía alimenticia a la mitad de su valor. Al principio, había juzgado que era una pésima compra de su rival,  pero en el transcurso de los días, las acciones empezaron a aumentar su cotización y lograron triplicarse. La mujer aprovechó para venderlas y ganar los puntos que le hacían falta para ganar la competencia bursátil. Esta estrategia  le había impresionado y le motivó a tomar una decisión, sin percatarse de las consecuencias.
Al siguiente día de su derrota, apenas salió del ascensor de su piso, se encontró cara a cara con la Operadora 305. Tuvo una sensación extraña que jamás había sentido por algún Ser Productivo. Le dijo con mucha espontaneidad: «Felicitaciones, Operadora». La empleada bursátil 305 mantuvo su rostro parco, sin mover sus músculos faciales, repuso con un tono cortante: «Usted perdió, yo gané» y se escabulló en medio de un grupo de empleados bursátiles que ingresaban al piso. Se quedó parado en el hall, preguntándose sobre la emoción primitiva que había sentido por su rival.
En el transcurso de los días posteriores no pudo responderse a la pregunta. Sabía que le había gustado esa emoción, podía describirla pero no definirla. Era una corriente eléctrica que atravesaba por su columna vertebral y se expandía a sus extremidades. Una vez estuvo tentado a visitar el cubículo de su rival y mirarla a los ojos. Ese acto simple le hubiese bastado para entender la emoción primitiva. Aunque quizás nunca terminaría entiendo. Pero no tenía el valor suficiente, ni deseaba echar a perder su futuro. Tenía  una idea tenía clara: debía llegar a la cima.  No se detendría hasta llegar a ser uno más de los «Robert Zach». 
 No te sirve competir sino ganas le sacó de sus pensamientos  la locutora de la Televisión Global. Tu vecino puede ser tu mayor enemigo Ser primero es lo importante Estas frases fueron el secreto del éxito que hizo que el Operador 550, uno de  millones de seres productivos,  vaya ganando en la competencia en cada uno de los edificios, en cada una de las ciudades y en cada una de las zonas, escalando posiciones y se gane el derecho de llegar a ser «Hacedor Robert Zach». 
Caminó en su piso.  Sabía que era igual a todos los pisos de todos los edificios bursátiles. Todos, absolutamente todos estaban dispuestos como una matriz matemática.  Veinte filas por veinte columnas, repartidas en doscientos metros cuadrados. Cuatrocientos cubículos, cuatrocientos Operadores, cuatrocientos empleados bursátiles que negociaban al mismo tiempo, luchando por puntos para llegar a ser el primero de la lista mensual. La ubicación de su cubículo era U5: «columna U» y «fila 5».  Tomó la  columna U. 
   ¡Los asiáticos siempre adquieren las acciones de las mejores empresas! escuchó el grito furioso de un Operador que estaba en la tercera fila.
Observó que aquel individuo tenía puesto las gafas virtuales y había apagado la pantalla holográfica.
Es ridículo, se dijo como si comentara con otra  persona, se queja contra las  paredes de su cubículo. Pierde tiempo. Debería ser detenido por actividades improductivas.
Siguió su camino. Curvó en la quinta fila y se sentó en su sitio de trabajo.   Se colocó la corona neuronal y las gafas virtuales.
Encendido masculló.
En mitad de los pórticos metálicos, se abrió la pantalla holográfica.  Revisó brevemente  los índices bursátiles de las principales bolsas de valores: Wall Street  había subido setenta puntos, Tokio había bajado diez puntos, Londres, Río de Janeiro y París habían permanecido invariables. Pidió al computador que desplegara la lista mensual de Operadores de su piso.  Verificó su puntaje y ubicación.
Estoy en primer lugar, se dijo lleno de orgullo y emoción.  Sólo me falta hacer una transacción. Tal vez, podría comprar un paquete de acciones de un laboratorio genético y luego, las vendería por el triple de puntos. Una excelente transacción. Mi diferencia de puntos se aumentaría con respecto a la Operadora 305 y alcanzaría mi objetivo.  Por fin,  cumpliré mi doceavo mes y  obtendré mi designación de Gerente de Piso.
Esbozó una dulce y pronunciada sonrisa. Siguió revisando la lista y descubrió que la Operadora 305 se había quedado en el segundo puesto con doscientos noventa mil puntos. Su sonrisa se aplacó.
Es el mismo puntaje que tuvo hace dos días, se dijo con admiración. Quizás hubo un error en el sistema.
Ordenó a su máquina que revisará el sistema, buscando fallas en la red durante los últimos dos días.
«Sistema en óptimo funcionamiento», leyó en su pantalla.
¿Qué le sucedió a esa empleada bursátil?, se dijo, tratando de hallar una respuesta.
Se sintió incómodo.  ¿Acaso la Operadora 305 había sido una cobarde, que había optado por la inercia cuando comprobó que cualquiera de sus intentos le resultaban infructuosos, porque él ganaría en esta ocasión?
Su mente le arrojó una idea maliciosa. Una idea que tenía una malicia similar a la de cualquier ser productivo en su misma situación. Quizás, la joven Operadora tuvo miedo de su inevitable pérdida, no pudo controlarlo y se quitó la vida.
Escuchó varias voces que atravesaban su piso.
Vídeo ordenó a su computadora.
En una esquina de su pantalla holográfica se transmitió la señal de las cámaras del circuito cerrado. Una pareja de Detectores cruzaba el piso. Ella era una mujer pequeña, esbelta y de rostro redondo; y él otro, un hombre de mediana edad, de cuerpo fornido y mentón apretado. Ellos entraron en el cubículo 305. El Gerente de su piso tenía el rostro pálido. Tuvo lástima por su jefe. Recordó que hace unos meses, el anterior Gerente tuvo serios problemas con los Detectores por un caso de improductividad. El funcionario no había contado, en forma sistemática, el caso de un Operador que había llegado atrasado a su trabajo durante tres días seguidos. El Gerente sólo le había molestado verbalmente al impuntual Operador. Al día siguiente, los Detectores no tardaron en arribar al piso 125 y apresaron al Operador improductivo y al Gerente, acusándolo de encubrir «un crimen de improductividad».
En su pantalla holográfica miró el procedimiento de los Detectores. Una de las cámaras enfocó al agente que se acomodó las gafas y cruzó sus brazos, y a la mujer que se aproximó a los pórticos metálicos del cubículo, mientras el Gerente no cesaba de observar los movimientos rígidos de los Detectores. El hombre le hizo un gesto con su mano al Gerente, solicitándolo que salieran del cubículo. La mujer se quedó sentada en la silla frente a los pórticos metálicos. Escuchó el murmullo de las voces del Gerente y del Detector que se aproximaban poco a poco.
Primer caso de improductividad que ocurre en su administración escuchó la voz  áspera del Detector.
Apenas me percaté que la Operadora 305 no asistió a su trabajo, me comuniqué con el Servicio oyó la respuesta enfática del Gerente.
Pierda cuidado,  Gerente 125 dijo el Detector. No hemos hecho ningún cargo en su contra.
Las voces se callaron por completo. Intrigado, se incorporó de su silla y miró por el pasillo como el Detector y el Gerente se alejaban de los cubículos con rumbo a la oficina de la gerencia. Volvió a su puesto y prestó atención a la ventana de vídeo que seguía abierta en su pantalla holográfica. La Detectora estaba sentada en la silla del cubículo 305,   colocada la corona neuronal y las gafas virtuales, revisando la información de la improductiva.
¿Qué le sucedió a la Operadora para tomar la decisión de desertar?, se dijo.
La Detectora ordenó a la máquina que se apagara, giró su cuerpo y depositó su cabeza en el respaldo. Una de las cámaras captó su rostro. Sus ojos cafés lucían brillantes y sus gestos faciales eran relajados . De repente, leyó una palabra  en sus labios finos que resumían toda la investigación en aquel puesto de trabajo: «nada».

sobre el autor:


Cristián Londoño Proaño, nació en Quito, 1973. Escritor de ciencia ficción, fantasía y poesía. Guionista, productor y realizador audiovisual. Inventó y desarrolló el concepto de la novela de fantasía andina, que se plasma en su trilogía de novelas "El Instinto de la Luz", su primera novela lleva el mismo titulo. Publicó los poemarios: Desojare y Luna de Solitarios. Obtuvo los premios: I Bienal de Joven Poesía Ecuatoriana Jorge Carrera Andrade y el primer premio del V Festival al aire libre del Municipio de Guayaquil. Escribió y dirigió las obras de teatro: Amantes azules y Los Cirios Negros. Escribió, dirigió y produjo los documentales: Jorge Enrique Adoum: el poeta desenterrado, Malayerba: la condición humana; Jorge Velarde: autoretratos y Sábato. Escribió, dirigió y produjo la miniserie histórica de docu-ficción Patriotas. Escribió, dirigió y produjo las series de documentales de literatura La Belleza de Sentir y Literamanía; la serie de documentales de arte ecuatoriano Arte de Sentir. Sus producciones retratan a los actores del acontecer literario y cultural ecuatoriano de finales del siglo XX e inicio del XXI y reúnen aproximadamente a 66 documentales.










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