sábado, 4 de octubre de 2014

CIENCIA FICCIÓN Y FANTASÍA: A PROPÓSITO DE “UTÓPICA PENUMBRA” (CRÍTICA LITERARIA DE CF Y FANTASÍA ECUATORIANA)


Iván Rodrigo Mendizábal     Artículo tomado de su blog: http://cienciaficcionecuador.wordpress.com


Iván Rodrigo-Mendizábal (La Paz-Bolivia, 1961). Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social (Universidad Católica Boliviana San Pablo). Magister en Estudios de la Cultura, mención Comunicación (Universidad Andina Simón Bolívar-Ecuador). Ex-Secretario Ejecutivo de la Organización Católica Internacional del Cine-América Latina (OCIC-AL). Actualmente Coordinador de la Unidad Académica de Comunicación de la Universidad de Los Hemisferios (Quito-Ecuador). Profesor e investigador invitado en la Universidad Andina Simón Bolívar-Ecuador y de la FLACSO, sede Ecuador. Entre otros, autor de: “El lápiz electrónico”; “Análisis del discurso social y político” (junto a Teun van Dijk); “Cartografías de la comunicación”; “Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones de poder”.



Por Iván Rodrigo Mendizábal
J.D. Santibáñez compila una sugestiva colección de cuentos de ciencia ficción y fantásticos en Utópica penumbra: antología de literatura fantástica ecuatoriana, publicado en La Habana en 2013 por Colección Sur Editores y este 2014, en su versión ecuatoriana, por la Corporación Campaña de Lectura Eugenio Espejo.
Tal colección de cuentos es relevante ya que se trata de una aproximación a la literatura de ciencia ficción y la fantástica en Ecuador, escrita por una generación contemporánea de autores, algunos ya conocidos y otros aún jóvenes. La mezcla de escritores en este libro muestra las diferentes facetas de la escritura en los géneros señalados.
Antes de analizar la obra en cuestión, vale la pena aclararnos la relación entre ciencia ficción y fantasía. De hecho existe un amplio debate respecto a esta cuestión, debate que pone en evidencia, en unos casos, que no existe relación alguna y, en otros, una defensa respecto a la hibridación o los límites tenues que pueden existir entre ambos géneros.
La ficción fantástica
Para quienes defienden una cierta relación, el nexo inmediato está en los planteamientos de Tzvetan Todorov en Introducción a la literatura fantástica ([1970] 2006). En éste lo fantástico es un género que delimita fronteras de donde emerge luego la ciencia ficción.
Así, para Todorov es cardinal la dicotomía real e imaginario para definir a lo fantástico, y desde allá, los subgéneros que se derivan. En tal sentido, lo real y lo imaginario implican la diferencia “entre lo que es y lo que no es” (p. 173). Esto llevaría a una vacilación en el lector frente al relato y lo que le asombra –o lo “sobrenatural”–. De este modo, la definición en Todorov es: “Lo fantástico ocupa el tiempo de esta incertidumbre; en cuanto se elige una respuesta u otra, se abandona lo fantástico para entrar en un género vecino: lo extraño o lo maravilloso. Lo fantástico es la vacilación que experimenta un ser que sólo conoce las leyes naturales, ante un acontecimiento al parecer sobrenatural” (p. 24).
La sensación de incertidumbre, de vacilación, de ambigüedad ante lo narrado es lo que hace que el lector concluya apostando por una de dos posibles interpretaciones: o estuvo ante algo producto de su imaginación, o ante algo que sí pudo haber pasado pero que él no puede explicarlo con sus propios conocimientos; así el lector está en el lugar de los personajes del relato, cuestión que lleva a que la vacilación esté formulada en su interior, además del acontecimiento. Entonces, dependiendo de la lectura, o se está en lo fantástico, o se puede ir a lo extraño o a lo maravilloso; así lo fantástico vendría a ser un género límite entre éstos. Cuando el lector percibe que lo narrado tiene sus propias leyes y que con ellas queda explicado un fenómeno, se está en lo extraño; y cuando siente que hay nuevas leyes que permiten revelar el acontecimiento, se remite a lo maravilloso.
Luego de definir a lo fantástico y de delimitar sus extremos, Todorov plantea los subgéneros que se derivarían: lo extraño puro, lo fantástico-extraño, lo fantástico-maravilloso y lo maravilloso puro. En una rápida revisión de los conceptos que están alrededor de tal categorización encontramos cuatro escenarios literarios.
El primero es el relativo a lo fantástico y su relación con lo extraño; es decir, lo fantástico-extraño donde “los acontecimientos, que a lo largo del relato parecen sobrenaturales, reciben, finalmente, una explicación racional” (p. 45). Lo insólito aparece explicado por algún artificio semántico.
El segundo concierne a lo fantástico y su relación con lo maravilloso. Entonces lo fantástico-maravilloso supone “relatos que se presentan como fantásticos y que terminan con la aceptación de lo sobrenatural” (p. 52). Lo insólito no requiere ser racionalizado.
El tercero es relativo a lo extraño. Acá aparece lo extraño puro. En este marco “se relatan acontecimientos que pueden explicarse perfectamente por las leyes de la razón, pero que son, de una u otra manera, increíbles, extraordinarios, chocantes, singulares, inquietantes, insólitos y que, por esta razón, provocan en el personaje y el lector una reacción semejante a la que los textos fantásticos nos volvió familiar” (p. 46). Lo insólito se explica racionalmente.
Finalmente lo tocante a lo maravilloso, donde se halla lo maravilloso puro: “En el caso de la maravilloso –dice Todorov–, los elementos sobrenaturales no provocan ninguna reacción particular ni en los personajes, ni en el lector implícito. La característica de lo maravilloso no es una actitud, hacia los acontecimientos relatados sino la naturaleza misma de esos acontecimientos” (p. 54). Lo insólito está allá y no pide ni explicación.
De acuerdo a lo anotado se puede constatar que el género fantástico supone límites como lo extraño y lo maravilloso. Este hecho define una constelación de subgéneros que se caracterizan ya sea por la explicación o no de los acontecimientos del relato. En este marco cabe señalar la ampliación que Todorov realiza respecto a las definiciones de lo fantástico, lo extraño y lo maravilloso: si se considera que lo fantástico es un género evanescente, y aunque en los relatos pareciera estar el presente, según él, habría que pensarlo precisamente en términos de: “(…) un puro límite entre el pasado y el futuro. [Por lo tanto, la] comparación no es gratuita: lo maravilloso corresponde a un fenómeno desconocido, aún no visto, por venir: por consiguiente, a un futuro. En lo extraño, en cambio, lo inexplicable es reducido a hechos conocidos, a una experiencia previa, y, de esta suerte, al pasado. En cuanto a lo fantástico [entonces], la vacilación que lo caracteriza no puede, por cierto, situarse más que en el presente” (p. 42).
Esto le permite, por fin, señalar que dentro de cada uno de los subgéneros habrían tipos de relatos característicos. Es el caso de lo fantástico-extraño, donde hay los que contienen explicaciones como el azar, las coincidencias, los sueños, las drogas, los juegos trucados, las supercherías, la ilusión de los sentidos, la locura, entre otros. En lo fantástico-maravilloso, los relatos sobre lo sobrenatural. En lo extraño puro, es posible encontrar los relatos ligados al miedo o al terror, e incluso el policial. En cuanto a lo maravilloso puro Todorov señala los relatos de orden hiperbólico, los exóticos, los maravillosos-instrumentales y los maravillosos científicos. Éstos últimos tendrían que ver con la ciencia ficción.
La ficción fantástica y la ciencia ficción
De hecho, la discusión que establece Todorov es harto complicada pero igualmente interesante por cuanto, no obstante trata de distinguir los subgéneros, termina abriéndonos la posibilidad de relaciones que rompen con la pureza de toda definición. En tal sentido, la ciencia ficción se desprendería de lo maravilloso puro donde lo que importa son los acontecimientos que aún no se conocen y que pueden suscitar interés dada su naturaleza, aunque estos no necesariamente despierten asombro. Por ello se puede decir, incluso cotejando y contradiciendo a Todorov, que los mundos de la ciencia ficción supondrían hasta cierta exageración de aspectos, haciendo aparecer mundos que no podrían ser posibles para nosotros en la Tierra, pero sí en otros planetas, donde existirían otras condiciones no conocidas y que pueden dar lugar a mundos hiperbólicos (por ejemplo, pienso en Edén (1959) de Stanislaw Lem). Igualmente muchas de las exploraciones espaciales literarias pueden introducir imaginarios exóticos (como los que estaban en los trabajos de ciencia ficción de Edgar Rice Burroughs) o incluso los autores pueden describir y jugar con gadgets o aparatos que, puestos en mundos pasados, presentes o futuros, ayudan a construir mundos diferentes y extraños (examínese, por ejemplo, la literatura steampunk). Empero, y con propiedad, si nos ceñimos a Todorov, lo que tiene que ver con lo maravilloso científico vendría a ser ciencia ficción, donde hay explicación racional de algo que todavía puede no encajar, pero puede ser posible, usando las leyes de la ciencia y elaborando probables hipótesis (Todorov parecería estar pensando más en la literatura de Wells o incluso la de Verne, antes que en la ciencia ficción contemporánea).
Como se observa, la ciencia ficción tiene un nexo más relacionado con lo fantástico, si se adopta la perspectiva de Todorov.
Empero sí cabe plantearse el hecho de lo inexplicable o lo que escapa a lo que puede ser considerado como “normal” y que rompe el hilo conductor de un relato, cuestión que suscita la sensación de incertidumbre. Del mismo modo es menester considerar lo normal puesto en mundos otros, los cuales en algún caso pueden ser posibles, hecho que no causa incertidumbre sino más bien permite imaginar ciertas cosas tomando en cuenta leyes de la ciencia. Digamos, para extender más esta materia, que la ciencia ficción se sitúa en situaciones concernientes o ligadas al impacto de las ciencias y las tecnologías, sobre todo proyectadas a mundos que tienen como escenarios mundos futuros –aunque ello también podría estar en duda–.
La ciencia ficción
Darko Suvin, en Metamorphoses of Science Fiction: On the Poetics and History of a Literary Genre (1979). plantea que la ciencia ficción supone un tiempo empírico diferente del real, escapando de la mímesis instalada en la literatura realista (p. viii).
Dice Suvin que para lograrlo, en la ciencia ficción se emplea la estrategia del distanciamiento o del extrañamiento, donde lo que se representa lleva a la impresión de que hay un tema que se conoce pero al mismo que parece desconocido. Esto quiere decir que, diferente a la cuestión que se da en lo fantástico, el mecanismo de la ciencia ficción hace que todo pueda aparecer como extraño, sin que esto necesariamente lleve a la incertidumbre. Acá entra en juego la cognición, es decir que lo que se representa aparece como una realidad nueva para el lector.
La ciencia ficción, entonces, define Suvin como la interacción entre el distanciamiento y la cognición, “cuyo principal recurso formal es un marco imaginativo alternativo distinto del ambiente empírico del autor” (pp. 7-8). Con ello se logra que en el interior del relato de ciencia ficción se establezca lo que le hace funcionar y lo que lleva a que exista el gusto, las comunidades de lectores, la interpretación y la producción de significado: elnovum. Éste se puede traducir como novedad o como innovación pero que es validado por la lógica cognitiva (p. 63).
Con el novum, por lo tanto, se da el distanciamiento y lo cognitivo. En el interior del relato de ciencia ficción, el novum lleva a que se articule un mundo posible, diferente y extraño. Es decir, un nuevo emplazamiento donde es posible situarse imaginariamente.
Desde este punto de vista, mediante tal desplazamiento narrativo, la ciencia ficción también se erigiría como “historia del futuro” donde, mediante el cronotopo, mediante el espacio narrativo imaginario que crea un tiempo, ayudaría al lector a representarse un tiempo otro con su propia localización y sus propias reglas. La ciencia y la tecnología vendrían a ser parte del entramado. Pero la ciencia y la tecnología hoy ya no vendrían a ser determinantes, como en la antigüedad, para que exista ciencia ficción. No obstante ello, es claro señalar que bien puede haber literatura de ciencia ficción donde la tecnología puede ser la fuente de transformaciones del ser humano; o sociedades tecnocráticas que llevan a que éste sea parte del engranaje y no el motivo de su desarrollo. Es también común la ciencia ficción donde el novum nace de los viajes espaciales o de la exploración de los mundos desconocidos. En todo caso, hay quienes, como Philip K. Dick en su ensayo “My definition of science fiction” (1981), señalan que las historias de ciencia ficción no tienen que ver con viajes en el futuro –los cuales se definen como aventuras espaciales–, aunque aparezcan tecnologías fantasiosas hoy no conocidas. Lo que importa en ellas es que aparezca una sociedad ficticia, no conocida pero que refleja nuestra sociedad. Así, tal reflejo actuaría como un salto, como una imagen mirada en sesgo, donde la sociedad mostrada es alterna.
Los cuentos de Utópica penumbra
Quizá con estos presupuestos ahora vale la pena analizar Utópica penumbra: antología de literatura fantástica ecuatoriana compilado por J.D. Santibáñez.
La obra trae once cuentos, cada uno con diferentes temáticas. Entre ellos hay textos de impresionante fuerza narrativa y otros que se resienten en su tratamiento. Eso no quiere decir que el libro no sea un aporte valioso a la literatura de ciencia ficción y fantástica en Ecuador. Personalmente considero ciertos cuentos que merecen atención por su calidad y las temáticas que introducen.
Es el caso de “Neblina” de Santiago Páez. De éste se conoce un sólido trabajo en el campo de la ciencia ficción –con obras de mayor envergadura como Profundo en la galaxia (1994), Shamanes y reyes (1999) o Crónicas del breve reino (2006)–, hecho que se confirma con este cuento que trata del encuentro de dos viajeros, dos perseguidores de hacedores de niebla. La mujer, Gualda, le revela a Albano que, no obstante creerse perseguidores, en realidad ellos son también generadores de niebla con cuya energía arrasan poblaciones. El dilema se instala en el hecho de que ambos, presuponemos escapan, aunque en realidad buscan refugio y lo logran cuando se establece una especie de relación de perseguidor-perseguido, de amantes y de rechazo, hecho que les fuerza a mantener el camino en Cayambe, lugar donde se inicia la trama. Aunque la historia puede leerse como algo fantástico, sobre todo cuando se plantea la niebla y sus portadores como asesinos, hecho que nos transporta a un mundo sobrenatural, el giro que le da Páez es hacia la ciencia ficción donde se puede apreciar el extrañamiento y el novum: es mundo postapocalíptico en el que están los personajes y la conciencia de que ellos son los que llevan una especie de maldición que somete a la humanidad.
El cuento de Leonardo Wild –autor de Orquídea negra o el factor vida (1999), Cotopaxi, alerta roja (2006) o Yo Artificial (2013)– “¡Despierta, es hora de trabajar!” es igualmente precioso. En éste un hombre, para escapar al cáncer y a sabiendas que en el futuro habrá la cura, entra en un programa de hibernación por medio del cual despierta en el 2057. El mundo entonces ha cambiado, el capitalismo ha transformado todo y el protagonista, James Lincoln, es ahora propiedad de una empresa que negocia con los recursos naturales de la Tierra y Marte. Puesto que a Lincoln se le revive 50 años después de su decisión, la empresa que ha comprado las acciones de su predecesora que entró en quiebra, ahora le quiere cobrar los derechos de haberle congelado por otro tiempo. El problema radica en que la empresa, para justificar los costos y los gastos de manutención y cura de su cuerpo, quiere retenerlo cobrándole la deuda acumulada. Lincoln tiene dos alternativas: o trabajar a destajo en unas minas en Marte, o laborar como un sujeto pensante y creativo al servicio de la empresa, con todas las comodidades del caso. Wild nos pone ante un hecho fundamental de la sociedad del conocimiento, donde el capital intelectual es valorado y usufructuado por las transnacionales en demérito de la mano de obra. Pero el conocimiento, en este caso, si bien sirve para la productividad, al mismo tiempo solo se ve como beneficiosa para el crecimiento del capital. Aunque la solución que halla a su dilema Lincoln nos puede parecer fantástico, acudiendo a la teoría de los ciclos de Kondratieff, todo el cuento más bien transmite esa sensación de extrañamiento en el propio personaje al encontrarse atrapado en un mundo de explotación notable; pero esta situación sirve a Wild para establecer el novum, pues la maquinaria capitalista a la que ahora está sometido Lincoln y a la cual él también ayudó a consolidarla en su momento, ahora la ve como monstruosa; eso no le impide a tomar conciencia a proseguir en el mismo juego. En otras palabras, es un cuento que evidencia que una vez instalada la máquina social del capitalismo como deseante en el inconsciente de un individuo, al modo de Deleuze y Guatari –de Mil mesetas (1980)–, este se convierte en un brazo del poder, siendo además su ejecutor. El cuento, en este sentido, descubre, si se quiere, la crueldad de la lógica mercantil.
El cuento “El otro” de Fernando Naranjo es otro de los más sugestivos de la compilación. El autor es conocido por su novela La era del asombro (1995) y el libro de cuentos Cuídate de los coriolis de agosto (2006), ambos de ciencia ficción. En el cuento en cuestión presumimos que el joven Robin, el compañero de Batman, a quien se refiere como Bruce, le cuenta que ha caído en desgracia por la serie de eventos desafortunados, incluida una violación que cometiera. El problema es que él traspasa alguna frontera de los universos paralelos y se encuentra con su otro yo –incluso se puede presumir que éste más bien ha traspasado el universo paralelo en el que está, hacia la realidad–. Entonces, bajo esta situación, el protagonista ve hacer cosas a su doble, al otro, sin que pueda detenerlo; está consciente de lo que está pasando y al mismo tiempo está impedido de poder detener cualquier situación. La maestría de Naranjo está en el hecho de tratar el asunto con color, con una fina ironía que pone el mundo de los cómics en una cierta paradoja: sus personajes salen a comprobar la realidad, es decir, exceden su propia condición y van al mundo “real” a vivir como cualquier ciudadano de la calle. De ahí que el escenario que pinta el autor es localista, con sus giros lingüísticos y sus situaciones, hecho que nos pone en que lo familiar de pronto se vuelve extraño.
El cuento de Solange Rodríguez Pappe, “¿Qué hace una chica como tú en un lugar como éste?” es también atrayente. En el propio título resuena el homónimo film español de Fernando Colomo, pero sobre todo la canción de Burning. A Solange Rodríguez la conocemos por sus libros de cuentos más en el contexto fantástico. El cuento en mención es de ciencia ficción acerca de un encuentro y una relación fortuita, silenciosa, en algo así como un aeropuerto donde la personaje de la narración, humana, mimetizada con un disfraz, pretende tomar un arca para transportarse a una galaxia. Estamos en el contexto de un no-lugar, un emplazamiento de paso, donde los viajantes deben ser esculcados y registrados. Como sucede en los aeropuertos con sus sistemas de policiales, el cuento transmite la sensación de estado de vigilancia y de control al que son sometidos diversidad de especies, entre ellos los humanos, quienes deben ser desinfectados dada la cantidad de bacterias que portan, las cuales podrían ser usadas como armas biológicas. La personaje entonces debe tratar de ocultar su identidad, su olor, su cuerpo; en la fila de espera está otro personaje con quien establece una relación de complicidad porque también es otra humana. Lo impresionante del cuento es esa pintura acerca de los filtros migratorios, pero sobre todo, lo que tiene que ver con las políticas de paso en los viajes. Si tuviéramos que ver desde otro plano, desde la distancia, desde los aeropuertos, nos daríamos cuenta, en efecto, de la violencia simbólica de tales políticas las cuales se relacionan con la selección, el apartamiento y el marcado de la identidad y del cuerpo. Esta vez los humanos son vistos como peligrosos para las demás especies; éstas determinan su circulación hacia el espacio exterior. En esta paradoja radica el hecho y la concienciación de que los seres humanos somos una amenaza constante.
Más en el tono fantástico se encuentran una serie de cuentos con sus particularidades propias dignas de mencionar. Por ejemplo, el cuento de Jorge Valentín Miño, “Las espinas son para usted; puede tirar las rosas al sanitario, si lo desea”, acerca de un diseñador o un dibujante que trabaja supuestamente en los estudios Disney. El personaje pierde la dimensión en el que está gracias a una mancha roja que le absorbe o lo vuelve absorto. Miño plantea el tema de las planos multidimensionales y cómo en cualquiera de ellos uno puede estar atrapado. Si lo tuviéramos que ver como ciencia ficción es evidente que nos faltan los datos que expliquen dicha realidad, pero si lo analizamos desde lo fantástico, nos damos cuenta de nuestra desubicación, del mismo modo que el del personaje, en las dimensiones en las que trata de jugar. Lo interesante del caso es que la idea de fondo es la propia técnica de la animación como sistema de planos superpuestos y que en conjunto forman una imagen total. Esto es lo que transmite con eficacia Miño de modo fantástico, pero el propio hecho de que el personaje debe ahora tratar de recuperar su estado es aún más inquietante.
También fantástico es “Después” de Renata Duque. El escenario es postapocalíptico. En principio supone un viaje por las ruinas, por lo asolado. Es una mujer y aparentemente su acompañante, como testigos de la destrucción de la Tierra –cataclismo, alguna cuestión medioambiental–. Sentimos que los efectos de lo destructivo se corporizan con las gotas de sangre de la personaje cuando se está bañando y la convicción de que no es inmune. El escenario es descrito con mucha agudeza, a partir de los recuerdos de la televisión y del documental. En tal sentido, la estrategia narrativa es también como cinematográfica: párrafos y frases cortas frente a otras medianas, lo cual define un ritmo que obliga al lector a estar sometido al trajín narrado –recordando mucho a la estética de Cormac McCarthy, particularmente de La carretera–. Lo fantástico está en el hecho que la autora cambia de eje al final, cuestión que nos hace dudar, como le pasa a la protagonista, del evento narrado y de su compañía; en otras palabras, se instala la incertidumbre de si estamos ante alguien que vivió el apocalipsis o este es un sentimiento nacido del estado de la personaje.
Es interesante igualmente el cuento de J.D. Santibáñez, “El guardián y el mago”. En éste un par de vengadores celestiales van a enfrentar a un ser demoníaco; pero para conseguirlo convencen a una humana quien va a ser el cebo para su acción. El tono del cuento al principio parece ser el de terror, pero luego va transformándose más bien a uno fantástico con cierto aire gótico. En la medida que el grupo va adentrándose a las puertas de ese mundo que está detentado por el guardián, el autor pinta un mundo inestable. A ratos el texto evoca en las imágenes que logra en el lector, al film Matrix de los hermanos Wachowski, pero en este caso no hay ciencia ficción, sino más bien un texto fantasioso que a ratos se desmejora con algunas ideas cristianas.
El cuento de Julie Jibaja, “Conozco a los humanos, y no me gustan cómo son” es un texto acerca de un asesinato y un suicidio: una mujer cumple una venganza autoimpuesta, elimina a otra mujer y luego a su amante. El tono fantástico está en el hecho de que la supuesta mujer es un ser no humano, una especie de animal con tentáculos que debe someter a los humanos, culpándolos de la muerte de su madre cuando este ser aún estaba en gestación. Quizá el cuento se resiente porque al tratar de mostrar los planos de realidad en los que se sitúa la personaje, no logra que nos hagamos una idea de los sucesos. Probablemente en juego esté el tema de la esquizofrenia puesto en una dimensión fantástica de la cual tampoco nos sorprendemos.
“Elecciones” de Alexandra Dávila es un cuento de carácter médico. El tema es la infección cancerosa que afecta a Pablo, quien ante la noticia, decide conocer el mar. Lo fantástico está en el hecho de que el cuento se adentra al mundo orgánico. Como si se tratara de un mundo autoorganizado, autogobernado y autosuficiente, los cuerpos vivientes dentro de ese mundo tienen funciones establecidas, funciones que no pueden negar de cumplir. Se trata de describir una máquina y su sistema de funcionamiento. Ante la situación de qué pasaría si un cuerpo no cumpliese su función, es evidente que empieza el desequilibrio y, por lo tanto, la infección total hasta liquidar a la máquina social. La preocupación de la autora por el funcionamiento de la máquina y el cuerpo CPX-27 en un momento es cautivadora, pero el mundo posible que plantea se desdibuja cuando nos hace volver a la realidad en los párrafos finales, por demás explicativos, donde se pierde la dimensión fantástica que trataba de explorar.
“Grado cero” de Gabriela Alemán también se sitúa en el plano de la enfermedad. Es el relato de una mujer que por efecto de una mala cura de un resfrío común termina viendo alucinaciones; entonces, ella narra el periplo a un centro de rehabilitación, el acostumbramiento de su estado emocional y corporal, y pronto una relación casi misteriosa con otro ser humano casi en iguales condiciones que ella: un ser liminal. La estrategia de la autora es una narración en primera persona, casi atosigante. Lo realiza tratando de evitar párrafos, obligando al lector que incluso no pueda respirar entre frases. Si Alemán experimenta con la lectura tratando que esta misma refleje el estado sicológico de la personaje, es evidente que su cuento es muy interesante. El problema radica, al mismo tiempo, en el hecho que por ese mecanismo, la dimensión fantástica se pierda y más bien nos encontremos con un texto realista.
Del mismo tono es el cuento “Autorretrato” de María Leonor Baquerizo. Un hombre que convalece en su casa, luego de salir del hospital; su esposa que lo atiende, a más de la servidumbre; peros sobre todo un extraño olor que va posesionándose en la casa. De pronto hay una sombra o un cuerpo que va apropiándose del convaleciente. La historia tiene el estilo de los cuentos de fantasmas o de aparecidos. Quizá lo mejor, la parte fantástica, se refiere a la de los cuadros y su cambio de textura. Por lo demás, falta el factor de asombro, de incertidumbre; éste es previsible a la mitad del cuento.
A modo de conclusión
Utópica penumbra, obra compilada por J.D. Santibáñez, es un interesante aporte a la literatura ecuatoriana en tanto expone un conjunto de cuentos relacionados con la ficción fantástica y la ciencia ficción. Como señalé al principio es evidente que hay cuentos que tienen una fuerza tal que hace posible su lectura, en tanto otros, probablemente por su prosa, no llegan a convencer del todo.
Del conjunto de cuentos de ciencia ficción es importante resaltar las cuestiones relativas al distanciamiento o extrañamiento y a lo cognitivo que llevan al novum. Tal distanciamiento es clave para que podamos apreciar la constitución del mundo actual en un mundo posible alterno y futuro. Esto se puede ver en el trabajo de Páez, Wild, Naranjo y Rodríguez Pappe. Los mundos que esbozan nos parecen familiares, pero en el fondo son también extraños, diferentes y hasta cuestionadores. Por este efecto, en el plano cognitivo, se establecen temáticas como la necesidad de compañía, la necesidad de formar un común, pero al mismo tiempo, el hecho que ello implica, la tensión que puede llegar a destruir una relación, como es el caso del cuento de Páez. Las relaciones humanas vistas como portadoras también de problemas es algo que nos pone, con sutileza, a discutir la socialidad humana. La explicación sobre la naturaleza humana, sobre la máquina corporal y su energía es un vehículo de ciencia ficción para llegar a mostrar la cuestión de los sentimientos en juego. En Wild, como ya se planteó, está en juego la imagen de la sociedad del conocimiento, pero sobre todo del postcapitalismo donde el tema del dinero como fuente de generación de valor se contrapone con el cuerpo, con la mente como generadora de valor. Igualmente estamos ante otra máquina, la del capitalismo con su juego perverso de convencimiento y de atrapamiento, donde el ser humano es un engranaje; la cuestión de esa perversidad es poder sacar provecho de ella y eso es lo que pone en evidencia el cuento de Wild. En este marco, su trabajo incluso tiene visos éticos, es decir, de cuestionamiento hacia lo que es y lo que debe ser. En el texto de Naranjo, la máquina del tiempo es paradójica, pero no es una máquina ideada por el ser humano en el cuento, sino una máquina ficticia o literaria que permite ver con fino detalle el comportamiento de la sociedad: la máquina literaria, la cual Naranjo emplea con conciencia, nos pone ante la paradoja de las decisiones, ante el tema de ser observadores o actores de nuestros propios destinos. La maquinaria literaria funciona también en el cuento de Rodríguez Pappe para hacernos ver, como cosa extraña, el tema de la migración. Nada más interesante ver, si bien todo al aparato policial en juego, sobre todo el juego de complicidades y de distancias entre pasajeros, hecho que implica darnos cuenta de una sociedad basada en el permanente ejercicio del poder y del temor. En todos ellos, hay explicaciones racionales, planteadas de forma poética, que permiten considerarlas como dignos ejemplos de ciencia ficción. Del mismo modo, el cuento trae a la mesa de discusión el tema de la interacción de identidades y de especies, abriendo un camino enorme a una discusión que es contemporánea.
En cuanto a lo fantástico, tomando en cuenta la cuestión de cómo lo normal puede suscitar una sensación de incertidumbre, el cuento de Miño es interesante por cuanto nos pone, como el personaje, a dudar de los planos de la realidad y de lo real. Quizá cabe señalar acá la sutil diferencia entre estos dos aspectos: la realidad como una construcción del lenguaje y del imaginario y lo real como ese vacío que es enmascarado por la realidad, en términos de Slavoj Zizek en Mirando al sesgo (2000). El cuento de Miño expone la ruptura que implica ese visión placentera de la realidad para pasar a lo real, hecho que nos hace dudar de nuestra propia situación y del horror ante lo que puede implicar la enfermedad. Por ello, los restantes cuentos sobre este tema, en el libro Utópica presencia, parecen ubicarse en este entorno, pero de modo quizá más realista, hecho que hace ocultar la sensación de incertidumbre que puede incluso suscitar el desequilibrio en un momento del estado mental. El trabajo de Duque es, probablemente, el más aleccionador en usar este recurso al mezclar la apariencia con lo real, incluso de modo figurativo, jugando con lo simbólico lacaniano, es decir, con la imagen apropiada que traspasa a la realidad y con la cual sobrevivimos. Éste pudo haberse explotado con más detenimiento por ejemplo, en los trabajos de Alemán o Jibaja y aun el de Santibáñez.
Finalmente cabe señalar un apunte formal: la edición cubana me parece un tanto más cuidada que la ecuatoriana donde se deslizan algunos errores tipográficos.



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