sábado, 4 de octubre de 2014

DEMASIADO HUMANO



Por José Luis Barrera

Le dijimos que había robots entre nosotros y ella, la mujer que yo amaba, se mató. No obstante, no era una broma; en realidad no existen las personas de carne y hueso: los habitantes de este planeta somos autómatas.
El cerebro es un procesador lleno de chips; el nervio, un circuito; y la energía que activa los músculos y las articulaciones, un impulso eléctrico…
No podía dormir. La culpa me corroía – somos máquinas con conciencia – y era frecuente que huyese de mi cama para refugiarme en un bar de mala muerte.
Cierta noche un amigo apareció en el mismo tugurio en el que yo bebía. Noté su sufrimiento – acaso la culpa también lo amargaba –. Al mencionárselo, se echó a reír.
— Tú y yo somos imbéciles, ella era la única que sabía la verdad.
No comprendí.
— Es evidente: no existen los robots, somos seres vivos.
Quise creer que bromeaba.
— Piénsalo: si te lastimas ¿brota aceite? ¡No, solo sangre! ¿Se puede curar la vejez actualizando el sistema? ¡No, no y mil veces no!

Hasta entonces sentía remordimiento por el suicido de ella, aunque sin perder la esperanza de que, tarde o temprano, algún laboratorio me la devolvería reconstruida. La revelación de mi amigo me mató.

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