lunes, 19 de enero de 2015

EL LÍDER


"El llider" de Henry Bäx

El canto de los grillos y el croar de las ranas no dejaban de interrumpir la tranquilidad de esa negra noche. A ratos, se podía escuchar el leve murmullo de una estival brisa. Sobre una solitaria colina, estaba asentada la humilde casa de los Damián. El padre, Aurelio Damián trabajaba de mecánico en el ferrocarril de la pequeña ciudad. Elena Luna, por su parte, se encargaba de mantener la casa y cuidar a sus dos pequeños hijos. Pero esa noche era distinta a todas las demás. Doña Liliana, la partera de la localidad, y cuyo milenario oficio practicaba, atendía a la mujer que estaba por traer al mundo al tercer hijo de la joven pareja. El parto fue normal y sin mayores sobresaltos. Un niño de rebosantes mejillas rosadas, de rebelde cabello negro; de cuerpo menudito y de enigmáticos ojos grises nació.

Eran las tres de la mañana y los viejos robots de asistencia doméstica estaban apagados y guardados en la destartalada cochera; el viento empezó a azotar con furia sobre la vetusta casa de los Damián. Las ramas de los árboles parecían que se agitaban como enormes brazos. En una de las habitaciones descansaba Elena luego de su labor de parto. El pequeño niño estaba en su regazo, como refugiándose en el lecho materno de aquel cruel viento. De pronto, unas extrañas luces emergieron de esa espesa oscuridad, tenían un patrón definido y a ratos titilaban. Una enorme nave espacial de forma oblonga pronto cubrió con una intensa luz la modesta casa de los Damián. Ese rayo de luz emitía un sordo zumbido, y así mismo, esa misma extraña luminosidad atrapó el tiempo, haciendo que dentro de ese perímetro se detenga. Un reloj viejo, que estaba sobre una destartalada mesa detuvo sus manecillas a las 3:05 a.m.

Dentro de la casa, parecía que nadie se percataba del asombroso hecho. Incluso, no hubo sobresalto en el sueño de los integrantes de la familia. La nave interestelar flotaba a pocos metros de la edificación. Un firme haz de luz más pequeño salió del vientre de la embarcación y se posó sobre la tierra. Este era de un áspero color claro. Tres insólitas siluetas alargas de anchas cabezas como platos se pararon al frente de la casa. Su vestimenta era una tela que se semejaba a una tersa piel que brillaba como el oro. Sus achinados ojos negros horizontales no demostraban ninguna emoción. Un pequeño punto sobre su pequeña boca era el orificio por donde respiraban. Los brazos les llegaban hasta las rodillas y eran gruesos como ramas de árboles.             

El niño le fue quitado a su madre. Los alienígenas únicamente se miraban entre sí para comunicarse, ya que utilizaban un avanzado sistema de interlocución. Reinaba un absoluto silencio, era tan denso ese silencio que intimidaba. La madre no sintió que su hijo le fue arrebatado, ya que se hallaba bajo un profundo sueño inducido por aquellas criaturas; así como el resto de la familia. El pequeño fue llevado hasta el interior del navío. Un leve zumbido predominaba en el ambiente. En una iluminada sala ovalada se encontraba una fría camilla de color plateado. Lo depositaron sobre ella. De una de las paredes del recinto ovalado, apareció de manera mágica una abertura. Dos seres se les unieron a los tres anteriores y rodearon al infante. 

Intercambiaban miradas, pero en éstas, había sin duda, su sofisticado sistema de comunicación. Uno de ellos levantó una de sus extremidades. Un singular aparato de forma alargada salió del piso. Lo agarró con firmeza. Una punta, de cuyo extremo salía un intenso rayo lila fue apuntado sobre la cabeza del niño. Sobre su frente, una frágil y casi imperceptible columna de humo se levantó. El chico reaccionó y emitió un desgarrador llanto. La operación duró tan sólo unos pocos segundos, y ese mismo rayo cauterizó la pequeña herida, dejando como huella, una insignificante lunar. El llanto cesó y la criatura cayó nuevamente bajo un profundo sueño. En el dormitorio de la casa, el tiempo volvió a correr. El viejo reloj que se detuvo a las 3:05 a.m. reanudó su camino, aquel tic tac rompió la monotonía de ese abrumador silencio. El niño se movió levemente y emitió un gemido, luego, rompió en llanto en señal de hambre. Elena, de manera tierna lo abrazó y, le dio su pecho, cariñosa. Encendió la luz para atenderle; ella notó algo curioso. Sobre su frente se fijó que tenía un pequeño lunar, frunció su ceño y sin darle mayor importancia apagó la luz.

Ajenos de lo que había sucedido la noche anterior, la familia continuó su vida, tan sólo hubo un pequeño comentario acerca del nuevo lunar en la frente del pequeño, pero José Damián atinó a decir que esa un rasgo característico de sus antepasados; que su bisabuelo lo tenía, al igual que su abuelo y padre. Y debido a ello, sus padres decidieron bautizar al muchacho con el mismo nombre de su bisabuelo: Gabriel.

Los días pasaron, y esos días se hicieron meses y luego años, la vida continuó sin mayores sobresaltos. Sin embargo, notaron tanto José como Elena, que su hijo menor, Gabriel, tenía una excepcional inteligencia con respecto a sus hermanos mayores, y así mismo, que los chicos de su misma edad. En la escuela, su aprendizaje fue extraordinario, y se vieron sus maestros en la necesidad de hacer avanzar al rapaz, rápidamente a los siguientes cursos. Las ciencias exactas eran un juego para él, así como las artes y las ciencias sociales. La materia que manejaba con mayor destreza era: la filosofía. Al cumplir los catorce años, estaba cursando el cuarto nivel universitario. Era un muchacho prodigio.        

Los padres de Gabriel se sentían tan orgullosos de su hijo, que sabían que un futuro esplendoroso le esperaba. Cuando cumplió los diez y siete años obtuvo una beca para estudiar en la afamada: Universidad General Unida del Mundo. Esta era una institución que formaba líderes, para que, con el paso del tiempo, dirijan los destinos de la humanidad entera. Y era extremadamente exigida su educación académica, puesto que muy pocos estudiantes lograban aprobar sus niveles de estudio. Y Gabriel, como siempre, estaba entre los más destacados estudiantes del mundo entero.

De cuna humilde, y de una pequeña ciudad en donde su mayor avance tecnológico era su tren de tracción magnética, salió este excepcional joven. Sus padres y sus hermanos mayores se sentían tan orgullosos, que sabían que cualquier esfuerzo económico, para que salga adelante, valdría la pena.

Pero aquel año, el año de 2125 fue distinto a los demás. La humanidad estaba descontenta por las recientes medidas ecológicas sociales tomadas en el Parlamento Mundial, que como siempre, eran tiránicas y absolutistas y que afectaban a los más desprotegidos, en especial, a los habitantes de los boques del Noreste de Eurasia y de la Antártica.

Y el descontento no se hizo esperar, los habitantes del mundo, de nuevo, afectados por las constantes restricciones comerciales y alimenticias, debido a la escasez de agua y que se derivó del siglo XXI luego del calentamiento global, dejó muchas huellas de resentimiento en los pobladores mundiales. Los nuevos ricos se habían establecido en las distintas estaciones espaciales que orbitaban la tierra, y que habían hecho de eso, las nuevas residencias de lujo para unos pocos. Y la depredación seguía, se rumoraba que las gigantescas transnacionales tenían planeado extraer agua del cráter Cabeus de la Luna, y que según se supo, se descubrió el líquido vital, allá, en el año 2009.

Las revueltas eran cada vez más violentas, y el líder absoluto, Horacio Bonyé era incapaz de detener el descontento y ordenar el caótico mundo. Muchos de los grandes pensadores y políticos del planeta coincidían en que un nuevo cambio debía venir. Era necesario que un nuevo caudillo tomara las riendas del Parlamento Mundial. Había más de un candidato: Ralph Thomas, representante del Bloque Unido de las Naciones del Norte; Yu Fan, representante del Bloque Asiático; Ariel San, de las Naciones Antárticas, y Gabriel Damián, eximio representante de las Naciones Latinas.              

Los postulantes tenían a no dudar, grandes méritos. Pero la democracia, aquel sistema de gobierno había demostrado, en especial a inicios del siglo XXII que tenía muchas fallas. Los hombres del mundo recordaban aún, que en el año 2102, las grandes naciones democráticas fueron las causantes de la cuarta guerra mundial, y además, las culpables directas de no tomar las medidas necesarias para detener las fatales causas el calentamiento global. Ahora, el nuevo sistema de gobierno mundial se basaba exclusivamente por los méritos de los postulantes, de los adelantos científicos que pudieran aportar a la humanidad entera, los nuevos descubrimientos médicos, o las grandes soluciones que podría dar a la más aquejada población mundial. Era, por lo tanto, un cargo que ocupaba, quien gracias a sus capacidades extraordinarias, solventara o solucionara los problemas más graves de la humanidad.

Y ese era el principal rol de la Universidad General Unida del Mundo. Preparar a sus estudiantes para que desempeñara tan grande responsabilidad. Por consiguiente, el mejor estudiante, el que reunía las virtudes más exigentes, era nombrado el presidente del Parlamento Mundial. Este órgano parlamentario, además estaba compuesto por los demás alumnos, que gracias a sus merecimientos y también por su capacidad, cogobernarían con el presidente.       

Hasta tanto, Gabriel, aquel joven genio, quien, gracias a una inteligencia inexplicablemente superior a la de cualquier ser  humano, pronto hizo un gran aporte a la ciencia y la humanidad misma. Logró sintetizar, bajo experimentos científicos, nuevas semillas de maíz, de trigo, de arroz y de varios tubérculos que podían crecer sin luz solar, con poco agua, a un tamaño descomunal, y además, en la mitad del tiempo.

Así mismo, logró hacer, bajo nuevos y desconocidos procedimientos médicos, que las células puedan prolongar su existencia, haciendo que el promedio de vida del ser humano se alargue hasta los 107 años. Descubrió cura para las viejas y nuevas enfermedades que estaban diezmando a la humanidad.

El mundo entero no salía de su asombro, ya que los grandes  problemas de la humanidad estaban siendo solucionados. Y había anunciado recientemente, un increíble procedimiento para crear agua, gracias a unas extrañas máquinas que él mismo había inventado. Utilizaba una tecnología, que según muchos entendidos, era fuera de este planeta.     

Una nueva era, una nueva etapa para la raza humana se empezó a vislumbrar. El Parlamento Mundial tuvo un nuevo postulante. Horacio Yambé, el inventor de los nuevos combustibles sintéticos, de las nuevas aplicaciones matemáticas en la economía, no tuvo más remedio que ceder su puesto al nuevo gobernante: Gabriel Damián. 

El nuevo gobierno empezó el 22 de abril de 2125, cuando Gabriel tenía diez y ocho años, el gobernante más joven que la humanidad jamás habría conocido. Las revueltas y el descontento empezaron a mermar. Una nueva paz, una nueva esperanza había nacido. Los grandes problemas sociales, económicos, alimenticios y de salud comenzaron a solucionarse de poco. Entonces, un nuevo orden mundial y nuevas leyes iniciaron a regir los grandes bloques mundiales. Bajo su novísimo gobierno, las fronteras y recelos cayeron. Con Gabriel Damián nació una nueva doctrina: La unión, la paz, la igualdad, la justicia. Dictó leyes para reemplazar las fábricas de armas, por fábricas de robots agrícolas; eliminó de manera paulatina los ejércitos por institutos de re educación psicológica para comprender el nuevo orden mundial. Estableció que la humanidad entera se prepare en las nuevas doctrinas pacifistas y de no agresión. Eliminó las bases militares asentadas en la Luna y en Marte, y que tenían armas de destrucción masiva. Hizo que las estaciones espaciales que orbitaban la tierra, sean utilizadas para futuras investigaciones científicas, y ser puertos de lanzamiento y de llegada de naves interestelares hacia la exploración espacial.

La tierra se convirtió en un mundo sin armas ni ejércitos. Se transformó en un planeta rico en recursos naturales, en un enorme y exuberante granero. Sus grandes lechos marinos fueron llenados por agua limpia y pura nuevamente, y la explotación discriminada del cráter Cabeus terminó; el problema del calentamiento global empezó a revertirse lentamente. Desde la lejanía se podía ver como se tornaba nuevamente en aquel planeta azul de antaño.

Este proceso duró setenta años, y la tierra finalmente empezó a ser un mundo seguro en donde vivir y morir. El mandato de Gabriel Damián era el de mejor desempeño desde que la humanidad tuviera memoria.

Pero un día sucedió algo inesperado, algo que jamás nadie imaginó. El día 19 de diciembre de 2195 cuando el Jefe Supremo de los humanos, Gabriel, tenía ochenta y ocho años, se reportaron el avistamiento de unas extrañas naves voladoras en la superficie de Marte. Las bases terrestres asentadas cerca del Monte Olimpo del planeta rojo, apenas pudieron retrasmitir el ataque antes de ser destruidas. La nueva amenaza extra terrestre no tuvo mayor resistencia. Las bases lunares y también las de la órbita terrestre fueron pulverizadas. Los visitantes eran extremadamente hostiles.

El Parlamento Mundial se reunió para tratar de manera urgente este nuevo peligro para la raza humana. Los representantes mundiales pedían una solución a su líder. Ellos sabían que Gabriel Damián era un pacifista convencido, y además, un hábil negociador. Ellos estaban convencidos de que él llegaría a acuerdo satisfactorio con los invasores.

En la sede del Parlamento Mundial, en la Nueva Ciudad del Oeste, en medio del Pacífico, estaban reunidos sus principales líderes mundiales, con su caudillo a la cabeza. Aquel cielo azul, de un momento a otro se ennegreció con la gran flota espacial invasora. Fue tarde para reaccionar, Gabriel, se había encargado de desarmar a la tierra.

Las naves de forma oblonga aterrizaron en la gran ciudad artificial. De su interior bajaron unos alienígenas de cabezas anchas como platos, y con trajes que brillaban como el oro.
Los extranjeros espaciales entraron triunfantes a la sede del Parlamento Mundial. Los presentes estaban expectantes a la reacción de su líder. Entonces, aconteció algo extraordinario. El lunar que tenía Gabriel Damián sobre su frente, brilló con intensidad. Era una luz tan amarilla como un pequeño sol. Lo que todos creían que era una característica de sus antepasados, una inocente peca, era en realidad un implante; un ajustador de pensamiento que había actuado en el cerebro de aquel singular adalid.

Nadie imaginó que su actuar fue premeditado, que su mente fue siempre controlada por mentes superiores. Que todos esos fabulosos inventos y aparentes avances tecnológicos, y que el nuevo orden mundial basado en la paz, fue preparado para una invasión; que el orbe fue preparado para ser el granero del sistema solar y el abastecedor de los extraños; un placebo galáctico; y que los intrusos sin tener interferencias ni defensivas, iban a esclavizar a la raza humana.

El Jefe Supremo del Mundo les dio la bienvenida a los foráneos. Ahora el planeta tierra tenía nuevos problemas y nuevos amos. Un nuevo y tiránico orden mundial imperaría sobre este pobre mundo. 

 El Líder Originalmente publicado en El inventor de sueños: Relatos de CC.FF.
Henry Bäx. Enero 2015.